Comer debería ser un placer y no un motivo de incomodidad. Si notas que algunos platos te causan inflamación, tu cuerpo te está pidiendo un cambio: es el momento de empezar a cuidar tu salud intestinal.
Tener inflamación abdominal de manera constante no es algo normal. Si después de comer sientes el abdomen pesado o hinchado con frecuencia, tu cuerpo te está mandando señales para que actúes. La buena noticia es que la solución está en tu plato: la dieta antiinflamatoria no se basa en restricciones severas, sino en elegir ingredientes reales, de temporada y repletos de antioxidantes que alimentan tu microbiota.
Para demostrarte que comer saludable es delicioso y nada aburrido, te proponemos un menú completo para un día con tres recetas creativas y cargadas de beneficios.
1. Pancakes con manzana
Empezar la mañana con un toque dulce pero natural es posible. Esta receta utiliza la propia fruta como endulzante y base, aportando fibra clave para la digestión.
Los ingredientes estrella: La manzana (cuya cáscara limpia aporta fibra esencial) y la avena. La avena es un superalimento que contiene betaglucanos (un tipo de fibra soluble) que sirven como alimento para las bacterias buenas de tu intestino, ayudando a reducir el colesterol y la inflamación. (Nota: Si notas que la avena te inflama por sensibilidad personal, puedes sustituirla por harina de trigo sarraceno).
Corta las manzanas en rodajas gruesas (un truco: pon una servilleta húmeda bajo tu tabla para que no se mueva). Prepara una mezcla batiendo dos huevos, un chorrito de esencia de vainilla, canela al gusto y medio vaso de hojuelas de avena trituradas (harina de avena) con un toque de polvo para hornear y un chorrito de leche. Pasa las rodajas de manzana por la mezcla (o viértela en la sartén y colócalas encima) y cocínalas a la sartén con un poquito de mantequilla hasta que doren por ambos lados. Puedes acompañarlas con yogur griego.
2. Pasta «Alfredo» con brócoli y champiñones
Olvídate de los platos sosos de hospital. Este almuerzo combina proteínas limpias con verduras crucíferas, conocidas por sus potentes compuestos antioxidantes y depurativos.
El ingrediente estrella: El brócoli, no es necsario que retires el tronco, córtalo en cuadritos, ya que tiene los mismos nutrientes que los arbolitos y las especias como el pimentón dulce, que añaden un gran sabor antiinflamatorio sin necesidad de abusar de la sal.
Para prepararlo necesitas cocinar los brócoli al vapor durante unos 7 minutos para mantener intactos sus nutrientes. Mientras tanto, en una sartén con aceite de oliva, saltea media cebolla, dos dientes de ajo picados y los cuadritos del tronco del brócoli. Añade solomillo de pollo troceado y, cuando empiece a tomar color, incorpora champiñones laminados. Para darle el toque cremoso estilo Alfredo, añade un poco de yogur griego o crema ligera, condimenta con pimentón dulce y mezcla finalmente con el brócoli al vapor.
3. Pastel de calabacín, tomate y mozzarella
Las reinas de la cena son las verduras, presentadas de una forma creativa y vistosa que te hará disfrutar cada bocado. Es un plato ligero, bajo en calorías y sumamente reconfortante.
El ingrediente estrella: El calabacín y el tomate. El calabacín es muy digestivo, ligero y absorbe de maravilla los sabores. Combinado con el licopeno del tomate (un antioxidante que se potencia al cocinarse) y el orégano (una hierba con alta capacidad antioxidante y antimicrobiana), este plato es un escudo protector para tu abdomen.
Primero corta el calabacín, tomates grandes y queso mozzarella fresco en rodajas de medio centímetro. En un recipiente apto para el horno, esparce una base de salsa de tomate natural (un excelente hábito es tener siempre salsa casera lista en la nevera). Alterna las rodajas de calabacín, tomate y mozzarella en forma de capas o filas, como un rompecabezas. Espolvorea orégano por encima, añade el resto de la salsa de tomate y hornea durante unos 30 minutos a 180°C hasta que las verduras estén tiernas y el queso derretido.
Consejos extra para decirle adiós a la inflamación
Llevar una dieta antiinflamatoria va más allá de los ingredientes; también tiene que ver con cómo comes:
- Come con calma y mastica bien: Comer deprisa hace que tragues aire y dificulta la digestión. Mastica despacio para escuchar las señales de saciedad de tu cuerpo. No comas hasta «reventar», sino lo suficiente para sentirte con energía.
- Aprovecha todo el vegetal: Como en el caso del tronco del brócoli o la piel de la manzana, muchas de las propiedades reguladoras de la microbiota están en las partes que solemos desechar.
- Escucha a tu cuerpo: Cada organismo es único. Si un alimento saludable (como la avena o los lácteos) te genera pesadez, evalúa cómo lo consumes (crudo, cocido, en exceso) o busca alternativas como el trigo sarraceno.


