Cada año, con la cruz de ceniza marcada en la frente, inicia en El Salvador un tiempo de reflexión y tradiciones profundamente arraigadas.
La Cuaresma es uno de los períodos más significativos del calendario litúrgico católico en El Salvador. Son 40 días de preparación espiritual antes de la Semana Santa, tiempo en el que miles de fieles practican diversas tradiciones que combinan la fe, la reflexión y la herencia cultural.
Una de las prácticas más representativas es el Miércoles de Ceniza, cuando los creyentes asisten a misa para recibir la cruz de ceniza en la frente. Este símbolo recuerda la fragilidad humana y el llamado a la conversión. A partir de este día inicia formalmente la Cuaresma.
Otra tradición muy arraigada es la abstinencia de carne, especialmente los viernes de Cuaresma. Muchas familias salvadoreñas sustituyen la carne roja por pescado, mariscos o platillos típicos como tortas de pescado seco, sopa de mariscos o torrejas en miel, que también forman parte de la gastronomía de la temporada.
Además del ayuno y la abstinencia, algunas personas optan por hacer sacrificios personales, como dejar de consumir ciertos alimentos, bebidas alcohólicas o reducir actividades de entretenimiento. También existe la creencia popular de evitar fiestas, música alta e incluso relaciones íntimas durante este tiempo, como muestra de respeto y recogimiento espiritual.
En distintas comunidades del país se realizan vía crucis, procesiones y jornadas de oración. Las iglesias organizan actividades religiosas que invitan a la reflexión sobre la pasión y muerte de Jesucristo. Estas manifestaciones de fe se intensifican conforme se acerca la Semana Santa.
La Cuaresma en El Salvador no solo es un tiempo de tradición religiosa, sino también una expresión cultural que fortalece la identidad y la unión familiar, manteniendo vivas costumbres que han pasado de generación en generación.





