George Clooney, un ícono de Hollywood que no pasa de moda
George Clooney, galán por excelencia, ha sabido transformar su éxito tardío en una carrera excepcional que lo encumbró como una de las mayores estrellas de su generación, pero que…

George Clooney, galán por excelencia, ha sabido transformar su éxito tardío en una carrera excepcional que lo encumbró como una de las mayores estrellas de su generación, pero que no duda en pronunciarse sobre temas políticos.
El actor, galardonado en Venecia con el León de Oro honorífico a toda su carrera, pertenece a un tipo de intérpretes cada vez más escaso en Hollywood: el de los actores cuyo nombre es de por sí una marca mundial, como Leonardo DiCaprio, Brad Pitt o Tom Cruise.
«Creo que es mejor en el trabajo de ser una estrella de cine que cualquiera que lo haya hecho antes», dijo de él el director Tony Gilroy, con quien trabajó en «Michael Clayton» (2007).
Con su seductora mirada y su característico pelo canoso, el intérprete, de 65 años, es a menudo comparado con los grandes galanes de Hollywood, como Cary Grant.
Pero para Clooney, hijo de un presentador de televisión de una cadena local de Kentucky, el éxito tardó en llegar.
En 1984, se mudó a Los Ángeles para probar suerte, siguiendo los consejos de su primo Miguel Ferrer, también actor –e hijo de la cantante de jazz Rosemary Clooney, tía de George–, y allí fue encontrando pequeños papeles.
Apareció en la serie «Los hechos de la vida» y participó en una quincena de programas piloto que nunca verían la luz.
No fue hasta 1994 cuando su carrera despegó, gracias a su papel en «ER Sala de Emergencias», un drama médico que triunfó en todo el mundo durante 15 años.
Tras cinco temporadas, el intérprete dejó la serie para centrarse en su carrera cinematográfica.
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– Éxito en la cuarentena –
Su primer gran papel en la gran pantalla, en «Batman y Robin» (1997), fue duramente criticado. Pero al año siguiente, su interpretación de un ladrón de bancos en «Un romance peligroso» junto a Jennifer Lopez tuvo un mejor recibimiento.
Su salto definitivo a la fama llegó en los años 2000. Primero gracias a la comedia «O’Brother» (2000) de los hermanos Coen. Y luego, cuando fundó una productora con su amigo Steven Soderbergh en 2001 que lo llevó a crear la saga «Ocean’s», en la que comparte elenco con Brad Pitt, Matt Damon y Julia Roberts.
Con «Syriana» (2005), un thriller de espionaje también producido por su compañía, ganó el Óscar al mejor actor de reparto.
Y tras ponerse detrás de la cámara por primera vez con el drama de «Confesiones de una mente peligrosa» (2002), decidió rodar una historia con uno de los temas que más le preocupan: la libertad de expresión y la defensa del periodismo.
«Buenas noches, y buena suerte» (2005), en blanco y negro, narra la lucha del periodista Edward R. Murrow contra la represión durante la caza de brujas contra los comunistas en los años 1950 en Estados Unidos.
En 2013, ganó el Óscar a la mejor película por «Argo», de Ben Affleck, de la que es coproductor, y coprotagonizó «Gravity», de Alfonso Cuarón, un éxito de crítica y taquilla que se convirtió en un clásico de las películas sobre el espacio.
Al mismo tiempo, desde los años 2000, llevó a cabo una serie de actividades políticas y humanitarias casi tan visibles como su carrera cinematográfica.














