Marlon Henríquez es un salvadoreño que surca los cielos de El Salvador en paramotor, una de las disciplinas más extremas y adrenalínicas del país.
Desde las playas doradas de San Diego y la Costa del Sol, Marlon Henríquez despega con un motor a la espalda y un parapente extendido sobre la arena. Él es uno de los primeros pilotos de paramotor en El Salvador, un deporte que se ha convertido en la nueva atracción turística para los que buscan desafiar las alturas y ver el “Pulgarcito de América” desde otro ángulo.
Su historia en las alturas comenzó hace cinco años, cuando descubrió que el paramotor era un deporte poco practicado en el país. Sin embargo, su relación con el cielo viene de más atrás: es paracaidista profesional con una década de experiencia y se ha especializado en la Federación Salvadoreña de Paracaidismo, de la cual también es presidente. Además, es fundador de Skydive El Salvador, la escuela que forma a salvadoreños en deportes aéreos.
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“Me certifiqué como instructor de paramotor para traer esta experiencia a El Salvador y para que las personas aquí conozcan de qué trata. Mi trabajo ha sido demostrarle a la gente que el paramotor y el paracaidismo en nuestro país es seguro”, afirma Henríquez.
El paramotor, considerado una de las naves más pequeñas del mundo, está compuesto por un parapente con un motor ligero y una hélice que permite despegar prácticamente desde cualquier superficie plana.
“Este deporte lo hacemos principalmente en las playas de El Salvador. Para ello, necesitamos un viento laminar o constante, y usamos un motor con hélice para generar empuje. En la mano llevamos un acelerador para ascender o descender”, explica.

Marlon asegura que la experiencia de volar en paramotor es similar a “andar en moto”, pero en el aire. Y afirma que quienes lo practican experimentan relajación, paz y una sensación de libertad.
El equipo de seguridad para cada tour incluye casco, arnés con protección, paracaídas y lentes de sol. La altura del vuelo varía según la preferencia del pasajero: puede alcanzar hasta 3,000 pies o mantenerse más cerca del suelo. Aunque “la mayoría prefiere andar cerca de la playa”, comenta Marlon.
Según el piloto, cuando se trata de una aventura turística, el vuelo se realiza en modalidad tándem en el que el instructor certificado controla el despegue, el trayecto y el aterrizaje, mientras el pasajero disfruta de las vistas panorámicas.

“Cuando es por experiencia, las personas siempre vuelan con un instructor. Pero si quieren aprender a volar solos, pueden optar por el curso de un mes que brindamos en la escuela, donde enseñamos a conocer el paramotor, procedimientos de emergencia, zonas seguras para aterrizar y la altura permitida”, detalla.
Los tours acompañados de un instructor se realizan en San Diego y la Costa del Sol, generalmente entre las 11:00 a.m. y las 5:00 p.m., con previa reservación de dos o tres días para verificar las condiciones climáticas. El costo es de $200 por persona y se puede agendar a través de las redes sociales de Skydive El Salvador o al número de WhatsApp 6064-8238.
“Para mí el paramotor es un deporte único, que te genera paz, que te conecta con las personas. Simplemente es un deporte que me hace sentir vivo”, concluye Henríquez.

Quienes deseen vivir esta aventura deben pesar menos de 180 libras, no presentar condiciones médicas que limiten la actividad y tener la agilidad suficiente para correr durante el despegue. Pueden hacerlo niños desde los 10 años, con permiso firmado por sus padres, hasta adultos mayores de 70.




