Una finca de Comasagua alberga el primer “Hotel de Abejas” para especies nativas sin aguijón
La Finca Santa Gertrudis abre sus puertas para mostrar a los visitantes el primer “Hotel de Abejas” de El Salvador y acercarlos al fascinante mundo de las especies nativas sin…

La Finca Santa Gertrudis abre sus puertas para mostrar a los visitantes el primer “Hotel de Abejas” de El Salvador y acercarlos al fascinante mundo de las especies nativas sin aguijón.
La decisión de criar abejas sin aguijón cambió la forma en que se cultiva en la Finca Santa Gertrudis, ubicada en Comasagua, La Libertad Sur. Hace dos años, su propietario, Juan José Arévalo, comenzó a incorporar estas especies nativas con la intención de conservarlas y mejorar la polinización de sus cultivos de café, cacao y cítricos. Desde entonces, el meliponario ha crecido hasta reunir más de 35 colmenas y convertirse en un atractivo para los turistas que visitan el lugar.
Las colmenas, construidas en pequeñas casas de madera coloridas y distribuidas a lo largo de diversos senderos, forman parte de lo que Arévalo llama el primer “Hotel de Abejas” de El Salvador. En este espacio, él y el meliponicultor Carlos Cabrera se dedican a la cría, el cuidado y el manejo sostenible de estas abejas, también conocidas como meliponas.

“Introducimos abejas en la finca porque queríamos tener un santuario de estas especies que están en peligro de extinción. El objetivo es trabajar con ellas y reproducirlas. Desde que las introdujimos hemos tenido un incremento del 25 % de producción de café y es gracias a su polinización”, explica Juan José Arévalo, ingeniero agroindustrial y productor de abejas sin aguijón.

Según Arévalo, la cría de estas especies recibe el nombre de meliponicultura y consiste en el manejo y reproducción de abejas pertenecientes a la tribu Meliponini, un grupo que reúne cientos de especies, principalmente de América. A diferencia de las abejas de la especie Apis mellifera, las meliponas no poseen un aguijón funcional, por lo que no representan un riesgo de picadura para las personas que trabajan con ellas.

En Santa Gertrudis se crían varias especies, entre ellas la jicota (Melipona beecheii), la mosca de la virgen (Trigona fuscipennis) y el chumelo (Tetragonisca angustula). La jicota tiene, además, una importancia cultural, pues fue venerada por los antiguos mayas y es conocida en algunas regiones como la “abeja sagrada maya”, según el sitio web del Gobierno de México.

¿Cómo viven estas especies?
Las colonias dentro de las colmenas tienen una estructura organizada, conformada por una reina, obreras y zánganos, quienes cumplen funciones específicas. Por ejemplo, las obreras construyen, mantienen y protegen el nido. En condiciones silvestres, comenta Arévalo, estas abejas suelen establecer sus colonias en cavidades de árboles, paredes o espacios entre piedras.

Una característica particular de las abejas sin aguijón es la forma en que construyen y organizan sus nidos. A diferencia de otras abejas, la zona donde se desarrollan las crías está formada por panales dispuestos horizontalmente. La miel y el polen se almacenan por separado en pequeños recipientes llamados potes, elaborados con cerumen, un material compuesto por cera y resina.

Las colmenas de Santa Gertrudis están elaboradas con madera doble, ya que, según el meliponicultor Carlos Cabrera, este material ayuda a regular la temperatura en su interior y a mantener la miel en buenas condiciones. “Además, las abejas, a través de la vibración de sus alas, tienen la capacidad de bajar la temperatura si el interior está muy caliente”, señala.

Una de las diferencias entre las abejas de género Meliponini se refleja en el tamaño de sus colonias. “Las colmenas de las jicotas tienen entre 7 mil y 10 mil abejas, mientras que las colmenas de los chumelos tienen entre 3 mil y 4 mil”, detalla el meliponicultor.

Cabrera también destaca que estas abejas son relativamente fáciles de manejar. Al no poseer un aguijón funcional, su manipulación resulta más sencilla y segura, lo que facilita actividades como la revisión de las colonias, el mantenimiento de los nidos y la cosecha de miel, sin necesidad de utilizar el mismo equipo de protección requerido para el manejo de Apis mellifera.

Las meliponas necesitan un entorno rico en flores para alimentarse y desempeñar su función como polinizadoras. Por ello, la finca cuenta con jardines donde se conservan diversas especies de plantas y árboles frutales, que les proporcionan fuentes de alimento y favorecen su presencia.

“El tipo de planta que ellas necesitan para la polinización son el arrayán, el achiote, el árbol de maquilishuat, el jocote y la guayaba. Les gustan todas las flores que tengan al descubierto los pistilos”, afirma Cabrera, quien asegura que la presencia de las abejas no solo favorece la polinización, sino que también contribuye a mejorar tanto la cantidad como la calidad de los frutos que se cosechan en la finca.

Por su lado,Juan Arévalo indica que la producción de miel no es la prioridad. En la finca solo se extrae alrededor del 30 % de la miel de los panales para evitar afectar el desarrollo de las colonias. El objetivo principal del lugar es la reproducción de las abejas y su aporte a la polinización de los cultivos.

El “Hotel de Abejas” busca acercar esta realidad al público. Por ello, la finca permite a los visitantes conocer las colmenas, observar el comportamiento de las abejas y comprender el trabajo que implica mantener una colonia. La experiencia se desarrolla entre cafetales, árboles frutales y vistas panorámicas hacia el Peñón de Comasagua.

Durante el recorrido, los visitantes conocen los métodos utilizados para extraer la miel de cada colmena y pueden degustar los distintos sabores de este producto. Quienes deseen vivir esta experiencia de meliponicultura pueden reservar su tour al número 7922-0691.


















