Así se elaboran las andas procesionales para Semana Santa en la iglesia El Calvario

Así se elaboran las andas procesionales para Semana Santa y Cuaresma en la iglesia El Calvario

Un grupo de feligreses se encarga de embellecer las andas que se utilizan en las procesiones de Semana Santa. Esta es una tradición que llevan a cabo desde hace varios años en la iglesia El Calvario.

En tiempos de Cuaresma, las tardes en la iglesia El Calvario tienen un ritmo distinto. Mientras el bullicio y el vaivén de personas del Centro Histórico de San Salvador continúa afuera con normalidad, dentro de este templo un grupo de feligreses trabaja en silencio entre telas, flores e imágenes de madera. Son los encargados de embellecer las andas del santo viacrucis que recorren cada viernes la calle de La Amargura en el corazón de la capital.

Detrás de cada escena que los fieles observan durante el recorrido, hay arduos días de preparación, organización y creatividad para elaborar las andas. En El Calvario, esa tarea recae en la Hermandad del Viacrucis, un grupo de creyentes que tiene bajo su responsabilidad el resguardo, el cuidado y la vestimenta de las imágenes que forman parte del cortejo procesional.

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Padre Elder Armando Romero C.R.S. Foto: Guillermo López
Padre Elder Armando Romero C.R.S. Foto: Guillermo López

Según el párroco Elder Armando Romero C.R.S, las imágenes que participan en estas procesiones, además de representar escenas bíblicas, también son esculturas antiguas que han acompañado por años la fe de generaciones de salvadoreños.

 La imagen de Jesús Nazareno, por ejemplo, tiene más de 150 años de antigüedad. A ella se suma la imagen de la Virgen de la Soledad, que ronda los 70. Por su lado, el conjunto escultórico de la Pasión de Cristo, que también forma parte de las procesiones, es considerado uno de los más antiguos del país.

En total, unas 12 imágenes acompañan el cortejo procesional del Viernes Santo, lo que convierte a El Calvario en uno de los templos con mayor número de figuras dedicadas a esta tradición en El Salvador.

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Foto: Guillermo López

Antes de cada salida en los viernes de Cuaresma, las esculturas reciben un tratamiento casi ceremonial. Las túnicas se revisan con cuidado, se planchan y se colocan siguiendo un orden específico. 

“Las imágenes tienen nuevos ajuares específicamente para la época de Viernes Santo y a lo largo de la Cuaresma se van reutilizando las vestimentas que han utilizado en semanas santas anteriores. Dentro de la vestimenta hay brocados, terciopelos y bordados en hilos de oro”, comenta el sacerdote.

Muchas de estas piezas provienen de fuera del país. Los brocados utilizados en las túnicas son, en su mayoría, de origen español, mientras que varios bordados se realizan en talleres especializados en Antigua Guatemala. 

“La Hermandad ha ido dotando y embelleciendo cada una de las túnicas o los ajuares de las veneradas imágenes. Uno de los sueños que tenemos como parroquia es que en algún momento podamos montar un taller de bordado en técnica española en nuestro país”, añade el padre Armando.

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Foto: Guillermo López

Las manos detrás de la tradición

Entre quienes se encargan de vestir a las imágenes está Ever Castillo, miembro de la Hermandad del Viacrucis. Para él, el trabajo comienza mucho antes de que las andas salgan a la calle. “Nosotros somos los que tenemos la responsabilidad de armar las alegorías, de vestir las imágenes y de preparar todo lo que compartimos en las calles durante la Cuaresma y la Semana Santa”, cuenta el feligrés.

Castillo recuerda que su participación comenzó hace tres años, cuando el párroco lo invitó a formar parte de la Hermandad. “Desde el 2023 me hizo la invitación y luego se me asignó coordinar este grupo de vestir las imágenes y de arreglar las andas”, afirma.

El proceso creativo inicia con una cita bíblica que el padre le designa a La Hermandad. A partir de ese pasaje, el grupo diseña la escena que será representada en el anda. En algunas ocasiones han elaborado barcas de madera, han recreado olas con tela o papel, y han añadido flores y elementos de alfarería. 

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Foto: Guillermo López

Cada detalle debe ir acorde a la cita del Evangelio que se les ha dado. Por lo tanto, las andas se crean desde cero para cada viernes de Cuaresma. “Si se va a representar la escena donde Jesús se encuentra con Pedro, el pescador, se elabora la barca, se hacen olas, se colocan ángeles y otros elementos de alfarería tradicional”, detalla Ever.

El equipo que realiza estas tareas está formado por adultos mayores con años de experiencia y jóvenes que comienzan a aprender la tradición. “Somos doce personas las que conformamos este grupo de trabajo. El más joven del grupo tiene 17 años, y es una alegría compartir con todos ellos la Cuaresma y la Semana Santa”, dice Castillo.

De acuerdo con el feligrés, el trabajo no se detiene durante estas semanas. Después de cada viacrucis, desmontan las imágenes, las alegorías y todos los elementos de la anda utilizada para comenzar a preparar la siguiente. Todo ese proceso dura largas jornadas que requiere paciencia, amor y creatividad. 

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Foto: cortesía

Un dato curioso es que las túnicas de los santos cambian en cada viacrucis. Los tonos blancos, morados y rojos predominan en la vestimenta, cada uno con un significado dentro de la tradición litúrgica.

Sin embargo, más allá de los colores, las telas o los bordados, quienes participan en este trabajo coinciden en que cada detalle tiene un sentido más profundo. “Tratamos de que cada esfuerzo, de que cada detalle valga la pena y que al final sea una máxima expresión de amor de las personas que quieren dar todo por Jesús”, expresa Castillo.

Cuando finalmente llega el viernes por la tarde y las puertas del templo se abren para la procesión, pocos imaginan las horas de trabajo que hay detrás de cada anda. No obstante, es importante reconocer el arduo trabajo de quienes, año tras año, siguen  con fe y amor embelleciendo estos cortejos procesionales.

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El rezo del Santo Viacrucis es una de las prácticas más importantes de la Cuaresma.

En el Centro Histórico de San Salvador, el recorrido del Santo Viacrucis inicia desde las ruinas de la iglesia San Esteban y continúa por la histórica calle de La Amargura, hasta llegar al templo El Calvario.

Durante el camino, los fieles recuerdan las estaciones que representan los momentos del camino de Jesús hacia la crucifixión.