Conoce Georesguardo, el refugio que rescata fauna silvestre en El Salvador

Conoce Georesguardo, el refugio que rescata fauna silvestre en El Salvador

A través del proyecto Georesguardo, FUNDAGEO impulsa acciones clave para la protección de la fauna silvestre en el país. En este espacio, los ejemplares son rehabilitados y readaptados para su posible liberación en su hábitat natural. 

Con el propósito de contribuir a la conservación y al bienestar de la vida silvestre en El Salvador, FUNDAGEO ha creado dentro de sus instalaciones el Centro de Rescate de Fauna Silvestre “Georesguardo”, un espacio dedicado a proteger, resguardar y rehabilitar a especies afectadas por la pérdida de hábitat, el tráfico ilegal, el maltrato, la tenencia indebida y accidentes.

Ubicado dentro de las centrales geotérmicas de Ahuachapán y Berlín, este proyecto representa un esfuerzo integral por mitigar el impacto humano sobre la biodiversidad. En ambos sitios, el Georesguardo alberga especies como búhos, monos, aves, cocodrilos y osos hormigueros, entre muchas otras, brindándoles una mejor calidad de vida mientras se evalúa la posibilidad de reinsertarlas en su entorno natural.

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Foto: Guillermo López

Cada Georesguardo cuenta con un equipo técnico conformado por veterinarios, biólogos y guardarecursos, quienes trabajan de forma coordinada en la atención de reptiles, aves y mamíferos. Su labor inicia desde el momento en que un animal es recibido, ya sea por decomiso, rescate o traslado tras sufrir heridas o accidentes.

Cuidado de las especies

“Al momento de recibir a un animalito, lo primero es conocer su estado de salud: si viene herido o golpeado, cómo fue recibido, si fue a través de una captura, si otro animal lo atacó o si fue atropellado. Entonces, partiendo de ahí, evaluamos qué necesita. A veces cuando vienen domesticados uno de los problemas más grandes es que están muy acostumbrados a las personas. Por ello, la reinserción es bien difícil, porque están acostumbrados a que se les dé comida en platos o de la mano”, detalla el técnico veterinario Jorge Calderón.

Como parte del protocolo, todos los ejemplares pasan por un período de cuarentena para descartar enfermedades transmisibles y proteger tanto su salud como la de los demás animales del recinto. Posteriormente, se inicia un proceso integral que incluye tratamiento médico, alimentación controlada y monitoreo constante de su comportamiento.

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“Nosotros nos encargamos de hacer aplicaciones de antibióticos, curaciones, de tratar de que se acople con nosotros para poder ser alimentados y empezar su proceso de recuperación y rehabilitación. Hay que estar viendo que estén comiendo, que no se depriman, y que no se estén autolesionando. Y una vez estén recuperados, hay que empezar a rehabilitar. Hay que ver si no han perdido el instinto de caza y hay que ver si vuelan, en el caso de aves”, asegura Calderón.

El tiempo de permanencia de cada animal en el centro depende de su condición. “Si las lesiones son fracturas, estas no pueden ser menos de 21 a 28 días de recuperación. También depende de si es un animal joven o viejo”, explica el especialista.

Sin embargo, no todos los casos tienen como destino el retorno a la vida silvestre. Algunos animales, debido a la gravedad de sus lesiones o a procesos de domesticación, deben permanecer en el refugio. Por ejemplo, en el Georesguardo de Ahuachapán se encuentran monos capuchinos, iguanas, pericos verdes, pericos frente roja, mapaches, tucanes pico de navaja, garrobos, micoleones, loras, venados y guacamayas que se han adaptado al entorno del lugar.

“Los recintos que tenemos principalmente en Ahuachapán son para animales permanentes que no tienen oportunidad de ser reinsertados en la vida silvestre. Actualmente, tenemos nueve especies que son permanentes, pero también recibimos fauna que puede venir herida, golpeada, decomisada. Entonces, nosotros evaluamos su recuperación y si se podrá hacer su reinserción o si se tendría que quedar permanente con nosotros”, declara el veterinario.

Liberación de especies

El trabajo de rehabilitación también implica adaptarlos a los cuidados según cada especie. El técnico biólogo Douglas Donis explica que la alimentación y el proceso de recuperación varían en función de las necesidades de cada animal.

“En mi caso, trabajo de la mano con el veterinario. Yo me encargo de la rehabilitación y dependiendo la especie, así es como se trabaja. En el caso de las aves, se ve si es un psitácido como guacamayas y loros, y se determina su alimentación, se busca un área adecuada para que tengan su vuelo y, posteriormente, cuando se considera que están aptas para su liberación, se hace chequeo de plumaje y se hacen las pruebas de vuelo”, destaca el biólogo.

Cuando un ejemplar logra recuperarse y cumple con las condiciones necesarias, se coordina su traslado y liberación junto al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), garantizando que regrese a un entorno adecuado dentro de áreas naturales protegidas.

“Buscamos hacer una coordinación con el MARN para poder coordinar cómo se libera, cómo se traslada y hacia dónde. Todos esos movimientos ya es una coordinación con ellos, ya que estas especies van hacia Áreas Naturales Protegidas”, señala Calderón.

Desde su creación, el impacto del Georesguardo se ha reflejado en diversas acciones, como la liberación de cocodrilos americanos el Área Natural Protegida Barra de Santiago, de gavilanes en el Área Natural Protegida San Vicente y de iguanas en el Área Natural Protegida Laguna El Jocotal, contribuyendo al fortalecimiento de las poblaciones silvestres en diversas zonas del país.

“Aquí nos han venido animalitos que han sido atacados por perros y muchas veces ya vienen en condiciones que ya no podrán salir adelante”, agrega el veterinario, evidenciando los retos que enfrenta el equipo en dicho proyecto.

En síntesis, el Georesguardo se ha consolidado como una iniciativa clave para el rescate de fauna y la restauración del equilibrio ecológico en El Salvador. A través de sus acciones de resguardo, atención y rehabilitación, numerosas especies han logrado una segunda oportunidad de vida, y varias de ellas han sido reinsertadas con éxito en su hábitat natural.

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