Jaraguah, el rincón de Chalatenango que te transporta a Bali entre bambú y naturaleza
Jaraguah brinda una experiencia de descanso y conexión con la naturaleza, combinando arquitectura singular, tranquilidad y paisajes inolvidables. Es un espacio que te hará sentir…

Jaraguah brinda una experiencia de descanso y conexión con la naturaleza, combinando arquitectura singular, tranquilidad y paisajes inolvidables. Es un espacio que te hará sentir como en Bali, Indonesia.
Despertar en medio de la naturaleza, respirar aire puro y disfrutar del canto de las aves es una experiencia que sí se puede vivir en El Salvador. En la zona montañosa del norte de Chalatenango, específicamente en Dulce Nombre de María, se encuentra Jaraguah, un alojamiento ecológico que rompe con la imagen tradicional de los hospedajes rurales y cautiva a quienes buscan conectar con la flora y la fauna.
El proyecto surgió en 2017 por iniciativa del arquitecto y bioconstructor Bryan Ábrego Cano, quien, inspirado en la arquitectura asiática y haciendo uso de sus conocimientos y talento, diseñó y construyó cabañas ecológicas integradas en la naturaleza, creando un ambiente que transporta al visitante hasta Bali, Indonesia. Su propósito, según explica, fue demostrar que en El Salvador es posible construir utilizando materiales regenerativos y de baja huella de carbono.

“Lo que nosotros ofrecemos es un servicio de alojamiento en villas privadas y en contacto directo con la naturaleza. Somos un espacio de tranquilidad. Tenemos reglas internas en las que explicamos que no somos un alojamiento de fiestas, porque lo que nosotros les estamos dando a los huéspedes es una desconexión que no tienen en la ciudad”, comenta.

El espacio posee actualmente tres cabañas: Jaraguah, Pangolera y Sorgo. Sus diseños, de inspiración tropical y con estructuras en forma de A, combinan bambú con madera de pino, roble y teca, además de zacate jaragua, el que inspiró al nombre del proyecto, ya que es un pasto que abunda en la zona.
Las cabañas, cuyos diseños mezclan materiales como bambú, madera y una cubierta de zacate de jaragua, tienen dos niveles. En la primera planta se encuentran la cocina equipada con utensilios (platos, vasos, refrigeradora, cafetera y cacerolas), la sala de estar, el baño, la ducha al aire libre, la bañera y la piscina. En el segundo nivel están las habitaciones. El agua utilizada en los alojamientos se recicla para la jardinería, con excepción de la proveniente de los inodoros.

Cabe señalar que la experiencia en este hermoso destino implica aceptar las condiciones propias de un entorno natural. En Jaraguah no hay internet ni agua caliente, y los visitantes pueden encontrarse con insectos y otras especies que habitan la zona: mariposas, lagartijas, iguanas, garrobos, arañas y sapos. Así que el espacio solo es apto para aquellos que de verdad quieren conectar con la naturaleza.

“Dentro del proyecto nos gusta decir que no estamos 100% libres de insectos. Es necesario que la gente sepa que viene a un proyecto que está construido con sistemas tradicionales de construcción salvadoreña”, detalla Cano.
Las tres cabañas tienen tarifas diferentes, de entre $100 y $150 por noche, según sus características y capacidad. El alojamiento funciona únicamente mediante reserva previa y recibe huéspedes de lunes a sábado.

Desde su apertura, Jaraguah ha recibido visitantes salvadoreños y extranjeros provenientes de países como Suecia, Italia, España, Alemania, Francia, Japón, Australia, India, Argentina, Colombia, Canadá, México y Estados Unidos, quienes llegan atraídos por su innovadora propuesta de turismo sostenible.
El bambú, uno de sus mejores aliados
En redes sociales, Bryan Cano ha ganado popularidad al mostrar cómo es trabajar con bambú en El Salvador. Esta labor le ha permitido abrirse camino en el campo de la bioconstrucción y ampliar su experiencia mediante procesos de especialización en distintos países. Además, le permitió ganar el premio de Arquitecto Emergente 2026 por el Colegio de Arquitectos de El Salvador.

En la propiedad cultiva alrededor de nueve tipos de bambú, entre especies nativas e introducidas. Para las estructuras de sus cabañas utilizan principalmente la Guadua angustifolia y la Dendrocalamus asper, ya que son muy resistentes en las construcciones.
“La construcción con bambú me parece muy bonita y bastante interesante, siempre y cuando se haga conscientemente. Acá nosotros siempre tratamos de construir en espacios donde no tengamos que talar árboles o alterar el entorno”, afirma.

Por otro lado, señala que “el bambú tiene un período en el que se debe cortar”. En Jaraguah, las varas maduras se seleccionan y se cortan durante la luna menguante y en horas de la madrugada, antes de que comience la fotosíntesis.

“Cuando los rayos del sol tocan el bambú comienza a chupar agua. Y cuando el sol deja de tocarlo, él vuelve a descargar esa agua en la que lleva azúcares y savia. En luna menguante, el bambú descarga una cantidad de savia más de lo normal, por eso en menguante y en horas de la madrugada es mejor cortarlo, siempre y cuando no haya comenzado su fotosíntesis”, asegura.

Cano rechaza la idea de que este proceso equivalga a deforestar. Explica que las varas maduras, identificables por manchas blancas o presencia de musgo, son retiradas para favorecer el crecimiento de nuevos retoños.
Por su parte, el bambú utilizado en Jaraguah pasa por un tratamiento que puede extenderse hasta dos meses. Las varas se cortan según las dimensiones requeridas, se lavan a presión y posteriormente se perforan para facilitar el tratamiento de sus fibras interiores. Luego permanecen sumergidas durante cinco días en una mezcla de ácido bórico y bórax. Finalmente, se dejan secar.

Para el arquitecto, parte del problema de la construcción con bambú en El Salvador es cultural. El uso histórico del bloque, ladrillo y concreto, sumado a la falta de información técnica, ha alimentado la percepción de que el bambú es frágil o poco duradero.
“En el país satanizaron que no se construyera con bambú porque se pica rápido, las estructuras no duran, se caen, pero es porque no tienen la información correcta para construir”, sostiene.

Actualmente, Bryan imparte talleres dirigidos a arquitectos salvadoreños interesados en conocer y aplicar técnicas de construcción sostenible con bambú. Esta labor ha convertido a Jaraguah no solo en un conjunto de ecovillas, sino también en un centro de formación dedicado a la construcción orgánica con bambú en El Salvador.
Jaraguah se ubica a aproximadamente dos horas de la capital, en el Barrio El Carmen de Dulce Nombre de María. Para quienes deseen conocer este encantador lugar, pueden reservar a través de la plataforma de Airbnb o en las redes sociales @Jaraguah.


















