Adolfo Gómez lleva cinco décadas elaborando canastos de bambú en San Bartolomé Perulapía
El arte de trabajar el bambú permanece vivo entre los artesanos de San Bartolomé Perulapía, en Cuscatlán. Este pueblo mantiene una tradición artesanal que ha encontrado en el…

El arte de trabajar el bambú permanece vivo entre los artesanos de San Bartolomé Perulapía, en Cuscatlán. Este pueblo mantiene una tradición artesanal que ha encontrado en el bambú su principal materia prima.
A sus 67 años, Adolfo Gómez Molina ha dedicado 55 de ellos a la elaboración de canastos con vara de bambú en San Bartolomé Perulapía, en Cuscatlán Norte. Durante más de cinco décadas, este oficio le ha permitido sacar adelante a su familia y convertirse en uno de los artesanos más reconocidos de la zona.
Asegura que a lo largo de su vida ha sido albañil, motorista, fontanero y hasta futbolista en su etapa más joven, pero nada de eso lo ha cautivado más que el arte del tejido del bambú.
En este distrito lo conocen como “el canastero de Perulapía”, pues es uno de los pocos artesanos que aún mantienen viva esta tradición que desde hace décadas le permitió al pueblo ser reconocido como “La Cuna del Canasto”.

Lo sorprendente es que don Adolfo no proviene de una familia de artesanos y que ningún otro miembro ha querido aprender el oficio. Él heredó esta pasión de un vecino llamado Román Antonio, quien le enseñó las técnicas cuando era pequeño. “La gente que pasa por aquí me dice ‘buen legado le dejó su papá’, pero mi papá no podía hacer canastos y ninguno de mis hermanos lo aprendió, solo yo. Pero fui a aprender con un señor que se llamaba Román Antonio. Él fue quien me puso a hacer canastos y así fui tomándole práctica a esto. En ese entonces tenía 12 años. Ahora tengo 67 años”, recuerda Molina.
Su casa, ubicada en la colonia Divina Providencia I del referido pueblo, ha sido durante años su taller de trabajo. Es allí donde fabrica los canastos y otras artesanías que le encargan.

El artesano cuenta que ya no trabaja el bambú con la misma frecuencia que hace un par de años. Actualmente, dedica apenas un par de horas al día a esta labor, especialmente por las mañanas o cuando le hacen pedidos grandes.
La mayoría de sus clientes provienen de los pueblos aledaños, como Suchitoto. Entre los productos que más vende están los canastos grandes, utilizados principalmente por las panaderías para comercializar el pan, además de cestas, canastas pachas, sombreros, lámparas y jarrones. Los precios oscilan entre $3 y $25, dependiendo principalmente de las dimensiones de cada pieza.

Eso sí, don Adolfo ya no necesita salir de casa para vender sus productos. Después de tantos años dedicados a este oficio, son los propios clientes quienes llegan hasta su hogar para adquirir sus piezas artesanales. “Tengo ya hechos porque cuando vienen los clientes me dicen ‘miren yo quiero un canasto de este tamaño’ y ya le digo ‘aquí tengo de ese tamaño’”, añade.

Un oficio minucioso y tranquilo
“Uno no deja de hacer esto. Lo que uno aprende no se olvida. Por eso sigo fabricando canastos, aunque ya quedamos pocos en el pueblo. Nadie quiere dedicarse a este oficio”, agrega.
Aunque para quienes lo observan trabajar en su casa, el oficio puede parecer entretenido y relajante, para don Adolfo se trata de una labor rigurosa y, en ocasiones, peligrosa. En más de una oportunidad, las astillas del bambú le han provocado heridas en las manos. Sin embargo, entiende que es parte del proceso y por eso se concentra en lo que hace.

La única herramienta que necesita para fabricar sus productos es un machete. Con él corta y raja las varas de bambú que obtiene de fincas cercanas a su casa y luego extrae lo que él llama “las telitas”, unas finas tiras que utiliza para dar forma a los canastos.
“Cuando voy a la parra de bambú, corto la vara que voy a ocupar, que no esté demasiado madura. La corto y la rajo. A esto le llamamos telear, porque sacamos lajas como telitas. Me traigo esos rollos para la casa y aquí las vengo a trabajar. Para sacar las telas solo utilizo el machete, de ahí todo el proceso es manual”, cuenta.

Según explica el artesano, para elaborar hasta cuatro canastos de $25 necesita entre cinco y seis varas de bambú. Puede terminar esa cantidad en un máximo de dos días, gracias a la experiencia que le ha permitido desarrollar la habilidad de fabricar cada pieza en cuestión de minutos o, dependiendo de su tamaño, en una hora.
“Los canastos son de las cosas que más duran en la casa. Por ahí hay una señora que me dijo ‘mire aquí tengo un canasto que tiene como 20 años y todavía está bueno’”, declara.
Uno de los grandes deseos de don Adolfo es que este oficio no desaparezca de su pueblo. Por eso, invita a las nuevas generaciones a aprender el arte de fabricar canastos y asegura que está dispuesto a compartir sus conocimientos con quienes quieran continuar con esta tradición.

Por ahora, se muestra feliz de seguir manteniendo vivo un oficio que aprendió con amor y paciencia de manos del artesano Román Antonio.
Quienes deseen adquirir los productos artesanales que elabora don Adolfo pueden contactarlo al número 6963-8311 o visitar su pequeño taller, ubicado en la colonia Divina Providencia I, en San Bartolomé Perulapía.

















