¿Cuál es el origen de los nombres de los pueblos salvadoreños que terminan en «peque»?
Diversas investigaciones revelan la curiosa razón por la que muchos de los nombres de los pueblos salvadoreños tienen los sufijos “peque”. El Salvador es el país más pequeño de…

Diversas investigaciones revelan la curiosa razón por la que muchos de los nombres de los pueblos salvadoreños tienen los sufijos “peque”.
El Salvador es el país más pequeño de Centroamérica, pero sus 262 distritos, distribuidos en 14 departamentos, guardan una amplia diversidad de costumbres, tradiciones e historias. Estos lugares ofrecen playas, cascadas, ríos, museos, arquitectura, festivales y una variada gastronomía que atrae tanto a visitantes nacionales como extranjeros.
Pero más allá de sus atractivos turísticos, los nombres de algunos pueblos salvadoreños también esconden muchas curiosidades. Unos tienen raíces indígenas y otros están relacionados con santos, advocaciones religiosas, personajes históricos, ciudades, países o características geográficas.
Entre ellos destacan los nombres que terminan en “peque”, una forma que puede despertar curiosidad sobre su verdadero origen. El historiador salvadoreño Salvador Guzmán explica, en un video publicado en su cuenta de TikTok @Historiadoresv, algunos de los elementos lingüísticos que están detrás de esta terminación.
De acuerdo con Guzmán, el sufijo “peque” en los nombres de algunos pueblos tiene relación con el náhuat y con la palabra “tepet”, que significa cerro, montaña o monte. Esta referencia habría permitido relacionar el nombre de un lugar con las características de su entorno.
Una explicación similar se encuentra en “Toponimia Náhuat”, una obra del lingüista salvadoreño Pedro Geoffroy Rivas, publicada por la Universidad de El Salvador en 1959. En ella, el investigador analiza el origen y la composición de numerosos nombres de lugares del país.
Un aspecto llamativo es que los indígenas nombraban los lugares a partir de los animales que habitaban y abundaban en la zona. Ejemplo de ello son: Ayutuxtepeque (Ayutuchtepet), cuyo nombre se interpreta como “cerro de cusucos”; Cojutepeque (Kuyutepet), traducido como “cerro de coyotes”, y Quezaltepeque (Ketzaltepet), interpretado como “cerro de quetzales”.

La misma referencia aparece en otros nombres de pueblos salvadoreños. Coatepeque (Kuatepet), por ejemplo, es interpretado como “cerro de serpientes”, mientras que Sensuntepeque (Sentzuntepet) hace referencia a “los cuatrocientos cerros”. En ambos casos, el nombre está relacionado con elementos que forman parte del entorno geográfico.
También existen nombres que aluden a características particulares del terreno o a elementos asociados con este. Tejutepeque (Testutepec) significa “cerro de las brasas” y Teotepeque (Tiutepet) se interpreta como “cerro sagrado”. Por su parte, Tonacatepeque (Tunakatepek) hace referencia a un “cerro muy fértil”, una denominación vinculada a las características productivas del territorio.
Otros nombres incorporan elementos más específicos. Apastepeque (Apastepec) es conocido por la interpretación “cerro del alabastro”, mientras que San Cayetano Istepeque (Itztepec) se traduce como “cerro de obsidianas”. En el caso de Texistepeque (Teksistepet), el significado más conocido es “cerro de los huevos” o «cerro de los caracoles».

Aunque algunos de estos apelativos pueden presentar variantes en su escritura y distintas interpretaciones etimológicas. Para Salvador Guzmán, estos permiten acercarse a la manera en que los pueblos originarios observaban y describían el territorio que habitaban. Es así como animales, montañas, materiales y otros elementos del entorno quedaron incorporados en la toponimia, es decir, en los nombres propios de los lugares.
En resumen, cada uno de los pueblos que conforman el “Pulgarcito de América” guarda una historia detrás de su nombre. Conocerla permite a los salvadoreños descubrir que, además de sus paisajes y atractivos turísticos, estos lugares también conservan la identidad de los pueblos que los habitaron.














