El truco definitivo para conservar el loroco en casa
Tan delicioso como efímero, el loroco es una de las joyas más delicadas de nuestra gastronomía.

Tan delicioso como efímero, el loroco es una de las joyas más delicadas de nuestra gastronomía.
El loroco es un tesoro total en la cocina: ese olor tan característico y el toque fresco que le da a cualquier plato no tienen comparación. El único problema es que, como es una flor tan delicada, se marchita en un abrir y cerrar de ojos si no se consume rápido.
Para que no se te arruine en el refrigerador ni tengas que tirar nada, aquí te comparto un par de técnicas sencillas para extenderle la vida y tenerlo siempre listo.
Cómo prepararlo antes de guardarlo
Sin importar el método que elijas, el primer paso es clave para que dure más tiempo:
- Deshoja con cuidado: Quédate solo con los botones florales y los tallos más suaves. Desecha las partes duras.
- Lávalo suavemente: Pásalo por agua fría para quitar cualquier suciedad sin romper las flores.
- Sécalo muy bien: Este es el gran secreto. Extiéndelo sobre papel absorbente y deja que se seque por completo. La humedad acumulada es lo que hace que se ponga negro o le salga moho.
Las mejores formas de conservarlo
En el refrigerador (para la semana): Pon el loroco seco dentro de un frasco de vidrio o una bolsa hermética. Coloca una servilleta de papel en la base para que absorba cualquier resto de humedad. Así se mantiene perfecto hasta por 7 días.
En el congelador (para tener todo el año): Reparte el loroco seco en bolsas pequeñas para congelar y sácales todo el aire que puedas. Un detalle buenísimo: cuando vayas a cocinar, no necesitas descongelarlo. Échalo directo a las sopas, al arroz o al relleno de tus pupusas.
Una pequeña receta para pesto de loroco, ajo y aceite de oliva
Esta es una de las formas más deliciosas y prácticas de preservarlo, ya que el aceite de oliva resguarda todo su sabor, evita la oxidación y extiende su frescura durante semanas. Para prepararlo, solo necesitas licuar o procesar 2 tazas de loroco fresco (previamente lavado y completamente seco) junto con 2 a 3 dientes de ajo y una pizca de sal al gusto. Mientras integras los ingredientes a velocidad baja, vierte poco a poco ¾ de taza de aceite de oliva virgen extra en forma de hilo fino hasta lograr una pasta espesa y con buena textura, cuidando de no procesar en exceso para que no quede demasiado líquida.
Finalmente, pasa la mezcla a un frasco de vidrio limpio y vierte un chorrito extra de aceite sobre la superficie para sellar el pesto y protegerlo del contacto con el aire; tápalo herméticamente y guárdalo en la refrigeradora, donde se conservará impecable hasta por un mes, listo para mezclar con queso, acompañar pastas o untar en un pan tostado.
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