Después de más de dos décadas dedicada al arte, la historia de Juana Elizabeth Bazán demuestra que la creatividad puede surgir incluso en los momentos más difíciles. Hoy en día, su historia ha inspirado a decenas de jóvenes de Quezaltepeque.
Lo que comenzó como una recomendación médica para superar una crisis nerviosa terminó convirtiéndose en la pasión de toda una vida. Desde hace más de 20 años, Juana Elizabeth Bazán ha dedicado sus días al arte del repujado, una técnica artesanal que no solo le permitió recuperar su bienestar emocional, sino también convertirse en una de las principales promotoras de esta expresión artística en Quezaltepeque.
A sus 66 años, Juana recuerda con claridad el momento que cambió su destino. Una crisis nerviosa la obligó a alejarse de su trabajo y a buscar alternativas para recuperar su salud mental. Fue entonces cuando un especialista le sugirió acercarse al arte.
“El neurólogo me mandó a distraerme para que no hiciera lo mismo todos los días porque estaba mal de mis nervios. Entonces, él mismo me recomendó ir a aprender repujado. Así que pasé aprendiendo repujado desde el 2004 hasta el 2006, y me gustó”, rememora.
Revela que aquella recomendación fue mucho más que una terapia. En apenas seis meses, Juana descubrió una pasión tan profunda que decidió no regresar a su empleo y dedicarse por completo a la creación artística. Desde entonces, el repujado se convirtió en parte fundamental de su vida.

La artista quezalteca asegura que esta técnica artesanal consiste en trabajar sobre láminas de estaño diseños impresionantes en relieve. El proceso implica moldear la lámina con herramientas especiales, trabajando tanto por el reverso como por el frente para dar volumen, definir formas y resaltar detalles, logrando un efecto tridimensional que transforma una simple lámina metálica en una obra de arte.
Las primeras piezas de Juana comenzaron a llamar la atención en exposiciones realizadas en la Casa de la Cultura de Quezaltepeque y en ferias organizadas por la alcaldía municipal. Estos espacios le permitieron darse a conocer entre la población y mostrar el talento que había desarrollado con dedicación y paciencia.
Con el paso de los años, su trabajo fue creciendo hasta que decidió abrir su propio local de artesanías en el centro de la ciudad. Lo llamó “Metzali”, un nombre que representa la esencia de su identidad artística. “Metzali es un nombre en náhuat que significa ‘propio del lugar’ y se lo puse porque es lo que define mi trabajo”, agrega.
En este espacio, Juana exhibe y comercializa sus creaciones elaboradas con la técnica del repujado, además de otras artesanías hechas con madera, barro y diversos materiales. Cada pieza refleja horas de trabajo minucioso y una dedicación que pocas veces es visible para quienes observan únicamente el resultado final.

Para elaborar una obra, la artesana utiliza materiales como láminas de estaño, difumino, papel vegetal, pega, buril y pintura de goteo. Aunque el dibujo inicial puede tomar apenas unos 20 minutos, completar una pieza con todos sus detalles y acabados requiere aproximadamente tres horas de trabajo.
El tiempo invertido y la precisión que exige cada diseño explican el valor de estas artesanías, cuyos precios pueden encontrarse desde los $30 dólares, dependiendo de su tamaño y complejidad. “El repujado es un trabajo muy caro porque es un arte que lleva bastante dedicación, precisión y cuidado. Por eso, me gusta enseñarlo con paciencia para que la gente vea cada detalle del proceso”, comenta.
Actualmente, su catálogo incluye cuadros decorativos, cajas ornamentales, platos y diversos objetos utilitarios que destacan por la delicadeza de sus relieves y la creatividad de sus diseños.

Una maestra del repujado
Más allá del valor económico o artístico de sus obras, Juana considera que el verdadero significado del repujado está en la capacidad que tiene para transformar vidas. Esa convicción la llevó a compartir sus conocimientos con otras personas. Así comenzó a impartir talleres en escuelas de las zonas urbanas y rurales de Quezaltepeque.
“No me he detenido aunque sé que aquí las personas poco le dan reconocimiento al arte, más que todo al repujado. Sin embargo, aún hay jóvenes que les gusta aprenderlo y yo con gusto les enseño”, resalta.
Hoy en día, la artesana imparte clases a jóvenes desde los 12 años en diferentes instituciones educativas del pueblo. Uno de los grupos más activos se encuentra en un colegio reconocido de la zona, donde varios estudiantes han descubierto en el repujado una forma de expresar su creatividad y desarrollar habilidades artísticas.

Y es que para muchos de sus alumnos, estos talleres son una oportunidad perfecta para pulir sus conocimientos en las artes plásticas. En cambio, para Bazán son una manera de garantizar que esta tradición artesanal continúe viva en Quezaltepeque.
Las personas interesadas en conocer más sobre sus obras, adquirir alguna de sus piezas o recibir clases de repujado con Juana pueden contactarla a través del número de WhatsApp 6116-5063, o visitarla en su local “Metzali”, ubicado en el mercado central de Quezaltepeque.




